martes, 15 de noviembre de 2016

Lágrimas de Shiva

CÉSAR MALLORQUÍ. Las lágrimas de Shiva, EDEBÉ

En el verano de 1969, el mismo año de la llegada del hombre a la Luna, Javier tiene que pasar un par de meses en Santander con sus tíos y sus primas porque su padre contrae una enfermedad contagiosa. Al joven no le apetece nada pasar el verano allí, ya que no recuerda a sus tíos y la perspectiva de estar varias semanas en una casa con cuatro primas adolescentes no le atrae en absoluto. Sin embargo, poco a poco irá acostumbrándose al ritmo propio de Villa Candelaria, a su extraño tío inventor que pasa más tiempo en su taller del sótano que en el salón, a su tía que pone música clásica y borda tranquila, y a las diferentes personalidades de las cuatro jóvenes, a las que llaman las cuatro flores: Rosa, Margarita, Violeta y Azucena.
Además de ir a la playa, de visitar Santander y de intentar llevarse bien con sus primas, sobre todo con Violeta, que parece que le ha declarado la guerra por los gustos literarios del joven por la ciencia ficción, Javier irá descubriendo algún misterio propio de la casa: un olor a nardos que solo percibe él, el vuelo de una falda antigua al doblar un pasillo y un misterio que pide a gritos ser resuelto: ¿quién fue Beatriz Obregón y qué son las Lágrimas de Shiva?

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